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Con la comida sí se juega

Desde pequeños nos lo han repetido infinidad de veces, “¡con la comida no se juega!”, e incluso ahora se lo decimos nosotros a nuestros niños. Y ese plato de verdura se eterniza, el pescado se enfría, nos dan las tantas… Desde Movimiento Liberorum creemos que es el momento de adoptar nuevas estrategias, porque no tiene sentido esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo.

¿Qué les gusta a los niños? Jugar, expresarse, moverse, sentirse escuchados y queridos, que los valoren, sentir que su opinión importa, implicarse… Pero -igual que a nosotros- no les gusta implicarse desde la exigencia o la imposición. Todas las personas funcionamos mejor desde la proposición, la petición explicada y razonada y la invitación. Así que ¡invitemos a los niños a jugar! Porque cuando se ven implicados en los procesos de manipulación y preparación de los alimentos después se los comen mejor.

Compartir la cocina con los niños nos permite reforzar nuestra relación, enseñarles valores saludables y mejorar los resultados en la mesa. Luchar contra ellos es agotador, y más si nuestro supuesto aliado es un plato de espinacas. Esta batalla no se gana en el comedor, se gana en la cocina. Dejando de cocinar para ellos y pasando a cocinar con ellos. Y es que no es lo mismo darles fruta que un puercoespín de pera con permanente de uvas, o darles un trozo de carne que preparar unos chupachups de ternera con crujiente de maíz, ni es lo mismo hacer verdura que un bocazapato de pisto manchego

¡Imaginación al poder!

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