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Dejar de suspender

En algunas escuelas de Gran Bretaña los estudiantes han dejado de suspender. Los alumnos que cumplen con los objetivos planteados por el profesor, aprueban, sacan un notable o un excelente. Aquellos que no llegan al mínimo propuesto por el docente no reciben un “suspenso”, reciben un “aplazado”. El matiz es realmente significativo porque es habitual traducir suspenso por fracaso, una asociación perversa que ha creado nuestro sistema educativo y que conlleva implícito el concepto de derrota y de incapacidad.

No cumplir con un objetivo y perseverar es sin duda una de las formas más antiguas de aprendizaje. Sin embargo, hemos asociado a este proceso las palabras fracaso, inutilidad, decepción, suspenso, error o equivocación. Pocas cosas hay más humanas y más dignas que el aprendizaje. Que no nos convenzan de lo contrario ni permitamos que nos hagan sentir mal por estar aprendiendo a vivir, a trabajar, a relacionarnos, a sentir, a estudiar, a gestionar nuestras emociones. No existe ningún motivo para sentir vergüenza por aprender, sintámonos orgullosos por crecer. Si recibimos críticas o burlas, demos las gracias. Porque nos recuerdan que estamos evolucionando. Que cada vez lo haremos mejor. Mantengámonos conscientes de la integridad, tranquilidad y serenidad que nos otorga el esfuerzo y la constancia diaria. Los resultados cortoplacistas, los elogios, las críticas, las palmadas en la espalda, las burlas…no son más que polvo y aire.

“Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la perseverancia.” Samuel Johnson

“El secreto de mi felicidad está en no esforzarme por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo.” André Gide

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.” Gandhi

“El genio (el talento) es el infinito arte de trabajar con paciencia. De perseverar e intentar algo aunque no salga, hasta que salga.” Thomas Carlyle

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